domingo, 27 de mayo de 2007

La carrera que perdió Fernando

Para perder algo hay que tenerlo ganado primero; sino, obviamente es imposible perder algo que no se tiene. Pero en el deporte sí se puede perder aquello que aún no se ha ganado. Hoy en Montmeló, Fernando ha perdido la carrera antes de empezar a disputarla.
El sin duda alguna, mejor piloto de la parrilla, dejó de serlo durante algunas vueltas porque también dejó de ser él mismo.
Si a Fernando le caracteriza algo, además de su prodigioso talento, es una frialdad que en ocasiones da incluso miedo.
Sobre el guaje puede recaer mucha responsabilidad, puede estar sometido a mucha presión, puede encontrarse en las situaciones más difíciles...da igual, el ovetense seguirá impasible a todo eso.
Lo hemos visto obligado por Schumacher, presionado por Raikkonen, sancionado injustamente por comisarios de pista...y Fernando no se alteraba, era puro hielo.
Hoy, cuando esas cinco luces rojas se apagaron, salió su lado más humano, su lado menos perfecto. Fernando dejó de ser una máquina, de ser un ser perfecto a los mandos de su monoplaza para sentir a esos miles de seguidores que, expectantes, contemplaban los primeros metros del GP de España.
Fernando sabía que tenía que ganar para esa gente, sabía que para ganar debía pasar a Massa en la salida (algo que presuponiamos "fácil") y sabía él mejor que nadie la dificultad que entrañaba todo.
En cualquier otro circuito del mundo no me cabe la duda de que Fernando lo hubiera conseguido, pero hoy, en Barcelona, Fernando fue más humano que nunca.
Comprobó que iba a ser imposible pasar a Massa en la primera curva. El Fernando de siempre hubiera desistido, hubiera conservado la segunda plaza, y en cualquier lance de carrera le hubiera robado el liderato al brasileño de Ferrari.
Pero el Fernando de hoy, ese Fernando donde dominaba más el corazón que la cabeza, ha echado el resto en esa curva que le ha costado un toque con Massa y por extensión la pérdida de la carrera que ya tenía ganada.
La tenía ganada sí. Primero porque es el mejor y su posición de salida era buena. Segundo porque se encontraba entre dos Ferraris conducidos que no saben lo que es vivir un dulce idilio con la presión. Tercero porque hoy tenía caballos demás en su motor. Eran los caballos que le proporcionaban esas gradas teñidas, no de azul Renault, sino de azul de Asturias, de azul Alonso.
La estrategia falló, el coche también, eso es cierto; pero hoy, quien perdió la carrera fue el piloto, fue Fernando.
Y la perdió en pro de hacernos vibrar y en pro de agradecernos nuestro apoyo. Por eso Fernando no te podemos echar nada en cara, ójala y no cambies nunca.

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